ACONTECIÓ AÑOS HA
Esta
historia no corresponde, en el tiempo, al presente más inmediato sino que se
situó en el futuro lejano aún, mas no por eso distanciado de nuestro siglo. Con
ello quiero decir que aunque ocurrió muchos años después, es relatada ahora con
gran veracidad y exactitud, como si hubiese ocurrido hace muy poco tiempo.
Esto
me sucedió a mí personalmente hace demasiado tiempo y ahora lo cuento desde mi
más allá, desde el otro mundo, en el que ya nada importante sucede. Y deseo que
sea tomado no como un relato cualquiera sin más transcendencia que los sucesos
que narra, sino como algo que aconteció, como iba diciendo, hace muchos años,
para ejemplo del mundo. Y no es que yo considere que en la vida no hay ejemplos
a imitar, pero es, no sé cómo explicarlo bien, según mi óptica de vital importancia.
Estábamos
por aquel entonces, cuando los hombres éramos capaces de hacer cosas que
vosotros no entenderíais nunca en el siglo XXII: más o menos al comienzo de
esta centuria, aunque el año no lo recuerdo demasiado bien, mi memoria ha
perdido mucho desde entonces, han pasado demasiadas cosas y ya no me siento con
capacidad para retener cuanto me ha acontecido. Ya no estoy seguro de ello, incluso
a veces desvarío un poco. El hecho es que el universo había evolucionado mucho,
a demasiada velocidad, mucho más de lo que vuestras inteligencias medianamente
pequeñas y atrofiadas puedan llegar a imaginar. Ahora la población se había
reducido a una sola raza. Para qué más si así ya estaba bien. No es que no
hubiere gente de lo más variopinta, pero al final habíamos aceptado que todos
los seres humanos éramos la misma raza con sus variantes, pero todos de la raza
humana.
No
se distinguía entre blancos o negros, ni entre religiones o creencias y mucho
menos en todos los bulos de esa especie
que antes imperaron y que vosotros padecéis. Todos pertenecíamos a la misma
catalogación- lo he dicho bien ¿no?-: éramos la raza de los "súper-hombres"
o si queréis de los post-hombres, una
especie supra humana jamás conocida hasta entonces: todo inteligencia, lo demás
resultaba superfluo, agobiante, inútil, carente de sentido, por eso nos habíamos
desprendido de todo aquello que nos sobraba.
Recuerdo
que al finalizar el S.XX se había desarrollado inmensamente la ciencia: hubo
grandes descubrimientos tecnológicos y la humanidad sufrió sucesivas mutaciones
que condujeron a los habitantes de la tierra a una situación ilimitada de poder,
pero en demasía caótica, para ser exactos. Llegó a desarrollarse enormemente la
educación gratuita: desapareció el analfabetismo y todos conocían todo en todos
los campos del saberla "utopía" de pocos era ya una realidad para
casi todos. El cambio se había dado y se abría para todos algo llamado
eternidad.
También
evolucionaron notablemente las formas sociales y políticas. Hubo una auténtica
revolución en la infraestructura del mundo. Con la entrada del nuevo siglo, todas
las formas existentes convergieron hacia una nueva y única estructura perfecta,
donde la libertad existió siempre porque se amó como no se había amado nunca. Las formas políticas de represión -los
estados nacionales- desaparecieron, cesó la dominación y sometimiento de unas
clases sociales por otras. Todos eran iguales. Se llegó a una fórmula supranacional
de gobierno de coexistencia pacífica, una forma basada únicamente en una
administración mundial central. El ser un político se convirtió en una profesión
como otra cualquiera. La jornada laboral se redujo a tres horas diarias -no
eran necesarias más-, es decir, doce horas semanales gracias a los grandes adelantos tecnológicos. Se trabajaba
simplemente para entretenerse un poco y descansar del agotamiento provocado por
las excesivas horas de ocio. Se vivía en grandes conglomerados arquitectónicos.
Las viviendas estaban aisladas térmicamente. Predominaban los muros de material
plástico traslucido. El confort había adquirido cotas sin precedentes. El problema
de la contaminación -que tanto llegó a inquietar con anterioridad- se resolvió
definitivamente. Abundaban los jardines públicos , y en todas las casas había
una gran terraza -era obligatoria y necesaria- con flores y toda clase de plantas.
La
superestructura mundial y sus adelantos contribuyeron sin duda a todo esto. Se
encontraron nuevas materias energéticas: la energía nuclear proliferó, la energía
solar, el sodal estelar, el súper celamio alfa,etc. También quedó zanjado el
problema de la alimentación gracias a los recursos marítimos disponibles y a la
obtención de abonos y de fertilizantes y la manipulación transgénica que nos
permitieron obtener varias y abundantes cosechas anuales. Esa carrera espacial
que comenzasteis hace muchos años con la llegada del primer hombre a la luna siguió
gracias al estrecho colaboracionismo existente entre las grandes potencias en
aquel entonces, y se conquistaron todos los planetas de nuestro sistema y los
limítrofes con posibilidades. Todo el universo es hoy conocido por los
superhombres que lo habitamos: humanoides y no humanoides. Las distancias han
que dado reducidas gracias a los transportes colectivos rápidos y los viajes interplanetarios
están al alcance de cualquier persona. Es muy corriente ver en las bases de
partida de los autobuses celestes, grupos de emigrantes que buscan encontrar en
otro planeta la completa felicidad que no acaban de conseguir en el que están. La
explotación de gran parte del universo facilita enormemente la consecución de
esta utopía que es nuestro mundo.
Desaparecieron
las necesidades hace muchos años y se llegó al estado de la superabundancia que
hoy reina. Y que ya se ha terminado. Todo cuanto era ya no es, es parte del
pasado que no volverá. Y por desgracia mía y de todos el futuro también se ha acabado,
se ha hecho inalcanzable. Sólo hay presente y éste dura muy poco, demasiado poco,
apenas nada, como un destello de luz que ya se apagó.
Hoy,
en estos precisos instantes cuando nada importa, soy yo el último superviviente
que queda de este universo que un día alguien decidió forjar. Y he querido que
mi final, mi extinción, llegue precisamente sobre el querido suelo ancestral de
mi madre patria: la Tierra. La explosión demográfica se incrementó indefinidamente:
no había problemas de espacio ni de recursos alimenticios, la demoeconomía los
solucionaba todo. Los nuevos seres que nacían en los otros planetas se fueron
adaptando a su medio ambiente. Todos los organismos llegaron a poder prescindir
del oxígeno y a respirar otros gases que sustituyeron a este agente como
carburante de su metabolismo. Nos
limitamos simplemente a sustituir el anticuado, y cercano a su agotamiento, oxígeno
por otros elementos también respirables y que desempeñaban el mismo cometido.
Mas
llegó el inevitable momento en el que todas las materias primas empezaron a escasear.
La población agotó todos los recursos
energéticos del universo. Incluso la energía solar resultó ser ya insuficiente
para mover las pesadas y gigantescas industrias. Y estas dejaron de producir
por falta de materias primas y de la base motriz. Los recursos de gases
respirables y de líquidos se han agotado, la agricultura de subsistencia ha
desaparecido, no se puede exigir a un campo tanto de tierra como de agua -éste último
ha desaparecido recientemente- que produzca si la industria ha dejado de
suministrar abonos porque no los produce, la manipulación transgénica se ha
quedado sin materia prima y además falta una atmósfera en cuyo seno puedan
crecer las plantas. Los alimentos se han consumido en su totalidad: ya no queda
nada. Los cerebros artificiales fueron incapaces
de darnos una solución viable: faltaba la energía necesaria para ponerlos en funcionamiento.
Ya no queda absolutamente nada. Todo ha desaparecido. Bueno, sólo quedo yo: soy
el último en desaparecer por efectos del azar, soy la última cosa viva que
queda en el universo, pero ye sé que mi final está muy cerca, ahí, a la vuelta
de la esquina: todos han muerto, no queda nadie. Tengo hambre y no puedo comer,
tengo sed, y no queda nada que pueda satisfacer mis necesidades vitales. Un
sudor frío recorre mi cuerpo y mi lengua intenta hacerse con él para refrescar
mi reseca boca. No tengo miedo a pesar
de todo. Aún me queda algo de tiempo antes de que se acabe el poco aire
respirable que me resta. Ahora que todo toca a su fin ya es tarde para hacer
reflexiones -no es correcto lamentarse- sobre lo que no se debería haber hecho
y sobre lo que hubiese sido necesario para evitar esta autodestrucción. Pero
como digo, ya es demasiado tarde. Mi tiempo se agota, siento que me falta el
aire. Me cuesta respirar, estoy demasiado fatigado. Nunca pensé en terminar mi
existencia así. Pero dejemos de pensar para no gastar tanto aire, mejor será abandonarse
y esperar tranquilamente a la extinción del último ser, del último aliento de
vida. Es el fin del universo, el fin de todo cuanto existió, el tan anunciado
fin del mundo. Pero hay un error: faltan las trompetas, las fanfarrias
gloriosas: no triunfa el Creador. No hay ni vencedor ni vencidos, es un justo
empate. Es la propia vida quien se ha sentenciado a este ocaso y es ella misma
su propio verdugo. Somos nosotros quienes lo hemos querido así. Quisiera añadir
muchas cosas más pero me es totalmente imposible, no puedo ni apenas respirar
ya. Me estoy.. mur.. el fin.
Todo
ha pasado. Lo que tenía que acontecer ha acontecido. Todo cuanto fue ya no es
ni será. Estamos en el nuevo y antiguo mundo del no estar, el de los muertos. Aquí
sólo se es y para siempre -¡por suerte!-. Y ahora tenemos lo que antes tanto
nos faltó: una visión clara del conjunto de nuestro futuro, la verdadera razón del mundo de las ideas: el verdadero
saber. El conocimiento perfecto que nos domina y que nos absorbe por completo. Debería
deciros muchas más cosas sobre vuestro futuro para que evitéis lo irremediable:
el caos. No obstante, creo que es mejor que no os diga nada. Vuestro desarme, vuestros
buenos propósitos de paz no van a
servir, no han valido de nada. La destrucción llegará igualmente. Somos una
plaga de langostas demasiado voraces que se debe extinguir: todo lo que tocamos
lo comemos, lo fagocitamos sin prever el mañana más próximo. Siempre creímos
que el fin estaba muy lejano aún, sin apenas darnos cuenta que nos aguardaba a
la vuelta de la esquina. Y vino sin avisar, cuando menos lo esperábamos. Nada
más os digo, y con esto acabo: "Estad
preparados y aguardad la destrucción eterna porque está muy próxima, quizás demasiado
y no la véis, porque no conocéis ni el día ni la hora".
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