ANDRÉS MARCO

miércoles, 22 de abril de 2015

MARTA Y EL DRAGÓN

  
-   ¡Mirad!, por ahí viene ya Jaime. ¡Ostras, no!, trae a su hermana pequeña con él: ¡menuda lata! Pero, en fin, qué le vamos a hacer. Tendremos que ir con la niñita a la cueva, no vamos a dejarla sola.
-   No, si ya lo digo yo: Jaime nunca puede ser más oportuno, hoy que nos íbamos a divertir de lo lindo va y ¡zas! : se trae a la niña con él. ¡Menudo fastidio! ...
-   Bueno, ahora que estamos todos reunidos vamos a decidir lo que vamos a hacer esta tarde para pasarlo en grande. Yo propongo que vayamos a la cueva de los moros tal como lo teníamos pensado. Mi abuelo dice siempre que allí no vayamos porque en ella vive desde hace muchos años el hijo del dragón que mató San Jorge con su lanza.
-   No, yo no quiero ir allí. Me da miedo -exclama, medio implorando, Marta.
-   Tu cállate, ¡porras!: si no quieres venir no vengas, ¡allá tú! Nosotros sí que vamos.
-   Marta, no seas tonta, no ves que sólo es un juego -le dice su hermano para intentar calmarla- El dragón no hace mal a los niños porque San Jorge lo convirtió en un dragón bueno. Es por eso que no lo mató también a él cuando atravesó con su lanza al dragón padre que sí era muy malo.
-   De acuerdo, si es así iré con vosotros, pero si sale el dragón no volveré nunca más a jugar con vosotros, ¿eh?
-   Pues nada,  manos a la obra: en primer lugar vamos a necesitar una lanza muy larga y muy grande para defendernos del dragón si éste nos ataca. No creo que lo haga, pero debemos estar prevenidos por si acaso, no sea que el bicho salga y quiera comerse a Marta...
-   Jaime, lo ves  -dice Marta- el dragón es malo y se come a los niños pequeños. No quiero jugar con vosotros a estas cosas. Me dan miedo.
-    No, si... niña tenías que ser.
-   ¡No te metas con mi hermana!  No ves que es pequeña. Seguro que cuando sea mayor tendrá menos miedo que tú. Además, si quieres algo con ella, ya sabes: antes conmigo ¿vale?
-   Venga, dejaos de peleas y no se hable más. Vámonos hacia la cueva. En el camino cogeremos el palo que nos servirá de lanza. Todo lo demás que nos puede hacer falta ya lo llevo yo de casa. La vela se la he quitado esta mañana al señor cura mientras él se desvestía, y cerillas también llevo. ¡Por algo soy monaguillo!...
La montana era bastante alta, mas la ascensión en sí no ofrecía ninguna dificultad debido a que se podía llegar tranquilamente hasta la cumbre siguiendo un camino, trazado imaginariamente, más o menos zigzagueante entre las matas de aliaga y tomillo. Y justo en la cumbre, junto a una gran masa de rocas que siempre habían estado allí, se encontraba la entrada a la cueva en la que, según Pedro y el abuelo del mismo, habitaba, desde tiempo inmemorial, el hijo del Dragón que mató San Jorge con su lanza.
Así, pues,  nuestros cinco amigos: los cuatro chicos y Marta con ellos, estaban muy atareados en conseguir conquistar la cumbre rocosa de la montaña y llegar hasta la entrada de la cueva. Cuando todavía no habían llegado a la mitad de la ascensión ya estaban muy cansados, en especial Marta, la hermana de Jaime, pero el aliciente por un  lado  y su fogoso espíritu de aventura por el otro les hacía seguir juntos sin desfallecer del todo y no desistir de su idea de jugar una tarde a ser los valientes héroes que darían muerte al dragón poniendo de este modo fin a la -según ellos- incompleta gesta de San Jorge.
Todo esto a Marta más bien le interesaba muy poco por no decir lo más mínimo. Iba con ellos porque tenía que  estar toda la tarde en compañía de su hermano que debía
cuidar de ella y porque éste la llevaba de la mano y no la soltaba. De otra forma no habría ido nunca con ellos por varias razones. En primer lugar porque este tipo de aventuras no le divertían lo más mínimo y porque le importaba un pito lo que pasara con el dragón. En segundo lugar porque ella prefería jugar con sus muñecas y con sus amigas que para fastidiarla hoy se habían ido con sus papás y no volverían hasta la noche. Y en tercer lugar porque ella era una niña pequeña y no estaba bien que jugara con esos niños amigos de su hermano Jaime que eran mayores que ella. También porque odiaba tener que subir por la montaña pinchándose las piernas sin cesar en las aliagas. Y además, sin querer, había hecho un roto en el vestido que llevaba puesto y  mamá por la noche le iba a reñir por no tener cuidado con el vestido que había estrenado el domingo de Ramos, día en el que papá, mamá, Jaime y ella habían ido juntos a misa para bendecir el ramo, y por la tarde a la Procesión, y ella aquel día se había sentido muy feliz con su traje nuevo, recién estrenado. Y además, se lo había cosido mamá.
Sin embargo, ahora, cuando había llegado el momento de la verdad, todos estos sucesos previos no eran más que tonterías, lo importante comenzaba a partir de entonces. Pedro, el más decidido de todos, empezaba a entrar en la cueva porque iba, precisamente, a ser  él quien dirigiría toda la aventura: él la había planeado y todos confiaban más en él que en sí mismos. Era el cabecilla de la pandilla desde hacía mucho tiempo. Detrás iba Jaime seguido de Marta  y de los otros dos amigos. En la mente de todos la misma idea les daba vueltas: "Como salga el hijo del dragón que mató San Jorge con su lanza vamos a necesitar de los servicios del Santo para que nos defienda" Y a uno de ellos, seguro que fue Luis que iba el último y era el más bromista del grupo, se le ocurrió comentarla en voz alta. A la niña no le hizo ni pizca de gracia. La verdad es que a los demás tampoco mucha.
Al principio fue fácil: la entrada era lo suficientemente alta como para permitir que todos pudieran entrar sin tener que agacharse. Después la cosa se complicó un poco aunque no en demasía. Bastaba con ir un poco encogido para no pegarse con la cabeza en el techo. Una vez andado el primer corredor encontraron como una habitación bastante grande comparada con la entrada y el tramo previo que habían recorrido. En una de las paredes se veía un ventanal bastante amplio. La corriente de aire allí originada apagó la vela y los cinco se dirigieron apresuradamente, en la penumbra, hacia dicha abertura. Desde ese sitio se podía contemplar de forma majestuosa  todo el pueblo; las personas que paseaban por la calle parecían hormiguitas vistas desde allí arriba. Más al fondo se veía el mar que nunca acababa y los acantilados que daban paso a una pequeña cala con su playa de arena. El mar estaba majestuoso, reposado, acariciando las rocas de la costa y con un estrecho sendero de espuma que retrocedía constantemente hacia dentro de sí mismo en la arena. Y muy al fondo, allá a lo lejos, el horizonte.
A Marta le pareció que allí el cielo y el mar se juntaban, pues no había diferencia entre ambos. Pero esta idea no le duró mucho. De pronto notó algo raro y frío en los pies y se echó a llorar.
-   Marta ¿qué te pasa ahora?
Marta seguía llorando. Todos se preguntaban lo mismo: ¿por qué llorará ahora? Jaime pensaba que no debía haberla traído porque es demasiado pequeña. Mientras Marta se calmó un poco y exclamó medio llorosa:
-   Es que me estoy mojando los pies. ¡Aquí hay agua!
Y efectivamente Marta había metido los pies en un charco de agua que había. Ahora no sólo llevaría a casa el vestido roto y las piernas llenas de arañazos sino que además la reñirían por haber mojado y ensuciado los zapatos. No, decididamente, ella no debía volver a jugar con los amigos de su hermano. Ellos son niños y los niños son muy brutos cuando se divierten.
Ya habían visto todo lo que se podía ver por aquella ventana abierta en la roca. Ahora debían seguir explorando la cueva hasta dar con el dragón. Para ello era necesario encender de nuevo la vela. Se apartaron un poco de la corriente de aire y puestos en círculo se dispusieron a encenderla. De pronto Pedro exclamó:
-   ¡Mirad! allí, al fondo.
Todos miraron con algo de temor. Dos pequeños ojos les estaban observando. Eran redondos y brillantes. Con toda seguridad debían pertenecer a alguna ave nocturna refugiada allí para dormir y las voces de nuestros amigos la habían despertado. Todos quedaron como parados. Solo Marta reaccionó al tiempo que histérica exclamaba:
-   ¡Es el dragón!  ¡Es el dragó que nos está mirando para comernos!
Tiraron todo lo que llevaban en las manos y salieron corriendo,  estampida, golpeándose la cabeza en el techo del túnel, pero sin detenerse ninguno  a mirar hacia atrás para ver si el hijo del dragón que mató con su lanza San Jorge les seguía o no. Marta, por suerte, fue más que llevada de la mano, arrastrada materialmente por su hermano en la impetuosa carrera hasta llegar lejos de la cueva. Una vez parados se dieron cuenta de que llevaban las ropas sucias y algo rotas. También casi todos se habían herido en alguna parte, en especial la niña.
Pero no importaba. No habían podido acabar la incompleta gesta de San Jorge pero al menos habían visto al dragón que éste dejó vivo porque en aquel entonces era pequeño y le dio lástima al Santo. Y eso era muy importante. Podrían llegar al pueblo y contar a los demás niños toda su hazaña. Y sin embargo no lo harán nunca porque todos han prometido no hacerlo jamás para que cuando sean mayores poder venir a matarlo entonces. Y las promesas se deben cumplir. A partir de aquel momento éste será su secreto compartido nada más por ellos y los secretos secretos son y deben callarse para siempre.



lunes, 30 de marzo de 2015

CONVERSACIONES CON...

  
-   Buenos días, me voy a presentar porque si no el inútil que tengo frente a mí seguro que se abstiene de hacerlo. Verás, soy un personaje totalmente nuevo producto de la mente de mi creador, precisamente este  señor que tengo frente a mí por decirlo de algún modo aunque no tengo claro ni dónde está realmente él y dónde yo. Hace apenas unos instantes no era nadie, no existía ni tenía intención de hacerlo y, mira por dónde, ahora soy un ser "normal" por decirlo de algún modo. Nuevo, eso sí porque acaban de idearme. Es exactamente en estas líneas donde yo nazco para el mundo. Me llamo... La verdad es que no sé cómo me llamo, aún no tengo nombre.  Mi autor aún no me lo ha asignado, no me ha bautizado con ninguno, pero esperemos que no tarde mucho en hacerlo, porque es un poco lento el chico,  y así ustedes podrán considerarme como un amigo más con un nombre y con unos apellidos, aunque estos últimos la verdad es que me importan muy poco, y podrán, así mismo,  llamarme de alguna forma y no simplemente con "eh, tú". Esperen un momento, voy a pedirle a mi autor, a mi padre literario, que me bautice de alguna forma. Que me nomine, vamos.

-   Aguarda, ten un poco de paciencia,  no corras tanto que es malo precipitarse. Cierto que eres un nuevo producto de mi imaginación. Pero por ahora  sólo eres eso: un boceto, una imagen borrosa que quizás al final no me decide a dibujar y delimitar un poco más. Puede acontecer que te asigne  unos rasgos característicos que te definan y
también podría ser que te deje así, tal como estás ahora: difuso, borroso, más grande, más amplio, más majestuoso, con más posibilidades, mezclado, confundido con el horizonte infinito e impreciso del papel. Sabes, ya lo tengo decidido: te voy a dejar como un ser especial, particular, único e irrepetible. Resultará más interesante así, no te quepa la menor duda. Vas a ser algo nuevo: mi sombra, mi otro yo, mi hijo adoptivo deseado, mi hijo bien amado, mi otra alma, mi otro espíritu, mi conciencia: todo junto en una misma cosa. En otras palabras: vas a ser yo mismo, mi sosia. Y como comprenderás, por lo tanto, sin nombre. Me resulta imposible ponértelo. No tienes nombre, no van a poder llamarte como a cualquier otro. En eso se vas a distinguir precisamente, Vas a ser un ser pero sin nombre, innombrado.

-   Comprendo. Tú lo que quieres es una cosa abstracta, heterogénea, difusa, que haga y diga todo aquello que tú no te atreves a decir. Todos los hombres sois unos cobardes. Sois incapaces de decir lo que verdaderamente pensáis. Y tú esperas, eso está claro, sea yo quien  diga lo que tú piensas. Quieres valerte de mí porque en el fondo tienes miedo a decir la verdad. Tú lo piensas, lo elaboras, y yo lo digo y de este modo si alguien se las tiene que cargar lógicamente seré yo quien se las cargue, seré yo el responsable y quien cargará con el muerto y tú te saldrás de rositas ¿no?

-   No podías decirlo más claro ni más exacto, tal vez más alto, eso sí, pero es lo que pretendo de ti. Pero en tu razonamiento has cometido algunos errores burdos, consecuencia de tu falta de experiencia, acabas de nacer como aquel dice y es normal que los cometas, te falta aún mundo. Mira, miedo, lo que se dice miedo a decir la verdad la verdad es que no tengo. Y sabes por qué, sencillo, porque ésta no existe, y deberías saberlo muy bien y si no es así ves aprendiéndolo. Todo es verdad y mentira a la vez, de forma simultánea. ¿Me comprendes? Claro que me entiendes, al fin y al cabo tú y yo somos la misma persona.

-   Espera, espera, no corras tanto y matiza un poco más, porque yo no estoy totalmente de acuerdo contigo. Dices que somos la misma persona y sin embargo tú estás ahí, al otro lado del papel, libre, identificado, con un nombre, con el folio, con mi historia, en tus manos, con mi cárcel ante ti. Y yo, en cambio, estoy aquí sin poder salir aunque quiera. Tú me tienes encerrado, has limitado mi existencia y puedes disponer sin ningún impedimento ni cortapisa de mí según se te antoje. Puedes poner en mis labios palabras que yo jamás diría y me tendré que callar. Incluso puedes matarme con toda impunidad, mejor dicho, puestos a puntualizar puntualicemos, puedes eliminarme cuando quieras. Y nadie te objetará nada: cometerás un crimen y éste quedará impune. Como verás tú yo no somos lo mismo, por mucho que lo pretendas, es imposible. Nuestras condiciones desde el inicio son completamente distintas. Todo para ti y nada para mí. Eres un egoísta. Y si algo sale mal,  pues nada, ni siquiera has de justificarte y decir lo siento, me eliminas y se acabó lo que se daba. Ya está.

-   No te precipites, espera, olvida tu fantasía, no hagas cábalas aún que es todavía pronto. Yo te he encerrado, tal como dices. Yo te he traído a un mundo, a mi mundo, hecho por mi especial, para que te muevas libremente en él. Tú estás aquí porque yo necesito tener un amigo de verdad, tengo varios, pero tú vas a ser el predilecto, el  singular, el especial. Tú y yo vamos a tener largas charlas, vas a ser mi compañía.

-   Eso sí: tu compañía, tu amigo predilecto, tu amigo fiel, tu perrito faldero que va a buscar la pelota cuando se la lanzas lejos, que levanta las patitas de delante y saluda. Así ya se puede. Lo que pretendes, lo que quieres es tener un amigo configurado por ti, un amigo al que puedas manipular según tu comodidad. Buscar un amigo que piense y diga en cada momento y situación lo que quieres que diga. No, Con esas condiciones yo no acepto. Sabes lo que te digo, que me largo.
-   ¡Quieto ahí! Tú no te vas a ninguna parte, qué te has creído.

-   ¿Acaso me lo vas a impedir tú?

-   Pues mira por dónde sí. Yo soy tu creador.

-   Ya salió con eso. Ya dudaba de que no lo fueras a decir. Pensaba que estabas tardando demasiado, pero no, es lo tuyo, ponerlo sobre la mesa. Ante los problemas, zás, las cosas bien claritas y el chocolate bien espeso, por si acaso.

-   Tú eres una marioneta, un muñeco en mis manos que yo muevo. Y si te he traído no es precisamente para que te vayas a bote pronto, sin que hayas dado el juego esperado. Lo quieras o no, tú te quedas.

-Así que no me dejas marchar. Me haces nacer. Y me restringes enseguida. Dices que eres, que somos tú y yo la misma persona. Y resulta que a la mínima se te ve el plumero, eres un tirano, y yo no lo soy. Confirmas lo que yo que decía: te has hecho un amigo para manejar y manipular, para que haga lo que tú no te atreves a hacer. Bonito creador.

-   Anda, cállate y no digas más tonterías. Si te escucho y te las consiento es porque eres tú.

-   No, ni hablar. Ahora me toca hablar a mí. Y ya que no me voy vas a tener que oír todo lo que tengo que decir te guste o no, asqueroso egoísta.

-   ¡He dicho que te calles! y te callas porque así lo quiero yo.

-   Eso, así me gusta ¡Déspota! Pero no, majo, ni hablar. Voy  a decirte todo lo que no quieres oír porque te da miedo, te aterra, como a todos los hombres, la verdad. Soy tu conciencia ¿no? Pues bien, mira por dónde, tu conciencia va a hablarte. Tú eres mi padre, me has traído a este mundo y vas a tener que cargar con las consecuencias de tu impremeditada osadía. Ya sé que estás deseando eliminarme, deshacerte de mí, romper el papel y empezar de nuevo, destruirme, así yo nunca habré existido. Todo habrá sido un sueño impertinente, fugaz, que se habrá ido como tantos otros a la papelera. Pero no, no puedes. Yo te detengo, yo sueño pesadilla, te impido hacerlo. Y sabes por qué. ¿No? Sí, lo sabes de sobras, porque como muy bien has dicho antes, somos un mismo ser. Soy una realidad impalpable en ti.  Y como tal te impido el hacerlo.  Fácilmente me has hecho nacer, casi de modo irreflexivo, mas destruirme te va a resultar bastante más costoso porque al irme yo te vendrías tu también conmigo, al menos una parte muy importante de ti. Y tú no quieres desaparecer así. Mátame ahora si es que puedes. ¡Venga, hombre, hazlo! Te dejo. ¡Rompe el papel!, venga, ¡rómpelo! ¿Qué pasa? ¿Qué fuerza extraña te impide el hacerlo? ¡Venga! estoy esperando tu decisión... No, no eres capaz, no lo haces porque eres demasiado egoísta, como todos los seres humanos. No te importaría eliminarme pero estás comprendiendo demasiado bien que si desaparezco yo también desapareces tú como autor. Y tú quieres vivir. En el fondo tu existencia es asquerosa, repugnante, llena de traiciones e inmundicias, como la de cualquier persona. Eres un hombre y eso no puedes, por más que quieras, evitarlo.

-   ¿Has hablado bastante, no?

-   Sí, he terminado por el momento.

-   Y  eso es todo lo que tenías que decirme, eso es lo que yo no quería oír. Pues te has equivocado de todas todas. No he encontrado en tu verborrea ninguna verdad inconfesable hasta ahora.

-   No, aún me quedan muchas cosas más para decirte, para echarte en cara, pero tenemos tiempo de sobras ¿no te parece?

-   ¿Entonces, me das permiso para poder exponer yo mi verdad?

-   Pues sí. Venga, hombre. Quiero oír lo que eres capaz de decir. Quiero conocer hasta dónde llega tu hipocresía. Y por favor: no me salgas por peteneras sentimentales que no me vas a enternecer.

-   Te voy a decir únicamente lo que pienso de todo esto. Eres un ser ficticio, una ilusión, una sombra de una imagen que yo he inventado. Y por lo tanto no voy a eliminarte. Sería una tontería destruir la obra antes de verla terminada, sin llegar a testar sus posibilidades cerrándote lo que puedes llegar a ser. No, no seas necio, puedes estar tranquilo. No tengo ganas de eliminarte. Eres lo que yo quiero que seas. Sí podría ser un tirano y ejercer mi poder sobre ti. Tú hablar por mi mano. Y es verdad que puedo hacerte decir lo que yo quiera. Pero como habrás podido observar hasta ahora, no lo he hecho en ningún momento. Te he dejado hablar libremente, sin impedimentos. Y has expresado tu ira contra mí porque no me admites. Quieres ser uno solo en ti mismo. No compartir tu esencia con nadie. Y eso está fuera de mis posibilidades. No es que no quiera, es,  sencillamente, que no puedo. Te tendrás que conformar con ser uno en mí y nada más. Yo te dejaré  obrar como lo desees, como te lo he venido permitiendo hasta ahora. Como puedes ver, no ejerzo ningún poder sobre ti. Te doy libertad, mi libertad. Claro que es limitada. Pero es que tu límite es mi límite. Estamos en  igualdad de condiciones. Bueno, en igualdad no. Yo estoy aun peor que tú porque mi vida es real, no está dentro de un papel como la tuya. Tú vives en un mundo acondicionado, en un mundo que yo te preparo a cada instante para que lo goces, para que lo disfrutes con plenitud. En cambio yo...

-   Espera, que ya entiendo lo que quieres decir. O sea: yo tengo una serie de ventajas que tú no tienes. No soy real, pero existo y esta condición misma me hace inmune a toda enfermedad, dolor físico, mental, etc. No puedo padecer porque no tengo cuerpo, y tampoco puede gozar de él. Soy todo espíritu. Una elevación máxima del hombre. Un más allá de éste. Estoy por encima de todos ellos. Pensándolo bien, también esta situación tiene sus inconvenientes: no es bueno estar ni demasiado alto ni demasiado bajo. No puedo actuar por encima. Todo mi dolor es espiritual. Realmente estoy por debajo de mi creador, Estamos en el mismo sitio que al principio: todo para él y nada para mí. Yo soy movido, no actuó con libre albedrio, pero mi creador también es movido a su vez. Yo estoy libre de esa película que es la vida. Cinta que fue filmada en un instante, fuera del espacio y del tiempo, y que ahora nada más está siendo proyectada en esas dos dimensiones que son el espacio y el tiempo y que no puede  detenerse. Yo estoy sometido a unas páginas, a la mente de quien me crea y esta mente está sometida a esa película exacta, intachable, que no puede ser manipulada y que inexorablemente tiene  un final trágico, un fin triste y doloroso que yo jamás tendré.

-   Empiezas a entrar en razón. Vas bien por este camino, sigue, sigue, que mis palabras no te detengan.

-   No, yo no sigo, eres tú quien sigue. Recuerda que eres tú quien escribe y quien pone las palabras y los pensamientos en mi boca. Yo nada digo porque no sé decir nada. No puedo hablar. Soy mudo porque no existo. Eres tú quien me hace existir por momentos y quien habla y dice las cosas. Me utilizas para esto y yo como esclavo fiel y sumiso, de tu mano, me amoldo a estas circunstancias y sigo mi camino, el que tú me trazas. El camino que tú pones en mis pies. Eres tú quien entra en razón, así que sigue, sigue y no te detengas.

-   Lo siento, pero he de detenerme. Me canso de escribir. Ahora, además, no tengo en mi cabeza nada para escribir. No se me ocurre nada nuevo. Hemos llegado a un camino sin salida, sin continuación. Está vallado y no se puede seguir. No termino, te doy vacaciones por unos días hasta que tengamos mayor claridad y entonces volveremos a encontrarnos para proseguir por otros senderos que no sean tan pesados. Creo que por ahora es bastante aburrido todo esto. Me dan ganas de romper lo escrito, pero te destruiría y me he propuesto no hacerlo. Nos hemos salido de la tónica general. Volvemos a lo escrito hace mucho tiempo y a esas directrices no quiero volver. Prefiero ir bajo la nueva forma. Me comprendes ¿verdad?

-   Sí, pero yo no digo nada. Ve diciendo lo que quieras. ¿Qué quieres plegar? bueno, pues pleguemos.

-   Pleguemos entonces.

- ¡Oye! espera, espera un momento. Dices que no quieres volver a escribir como lo hacías hace algún tiempo atrás. Y esto ¿por qué entonces?

- La razón es obvia. Hace tres años escribía más pesadamente, con largos párrafos, con muchas comas y casi sin puntos;  de lectura más difícil y farragosa. Me costaba incluso entenderme a mí mismo. Los temas que trataba eran más directos, más "filosóficos“ si tu quieres sin llegar a nada, y no había en ellos nada que pudiese asemejarse a la  literatura. Mis expresiones eran burdas y facilonas, carentes la mayoría de las veces de un sentido. Ciertamente que era más verdadero, más directo, sin remilgos ni circunvalaciones, más pensadas las cosas que ahora y sin embargo, creo que me gusta más este estilo de decir las mismas cosas valiéndome de pequeñas tramas, de pequeñas gestas, historias algo burlescas, algo absurdas que muchas veces no dicen nada porque no llego a explicar bien lo que quiero expresar y dar a entender con ellas.

- Sí, y dentro de su absurdidad tus temas, por lo general, la técnica que has marcado hasta ahora, son posibles y muchas veces incluso podrías hacerlos más amplios, entonces ¿por qué no lo son? Pierdes temas y recursos, posibilidades, los haces muy reducidos, en pocas páginas sintetizas, a modo de esquema, lo que podría ser sin lugar a dudas mucho más extenso, teniendo trama suficiente, en la mayoría de las ocasiones, para una novela completa.

- Mira. Es sencillo: no pretendo en ningún momento hacer novela, al menos por ahora. Cuando escribo vienen a mi mente infinidad de ideas vagas, como tú. Éstas fluctúan, fluyen vertiginosamente; y al escribir más lento que ellas, éstas escapan de mi recuerdo. Si llegara a hacer mis escritos más largos me convertiría en un escritor  monótono. Es muy difícil expresar lo que pensamos, en ocasiones no hay palabras suficientes en nuestra dicción para decir las cosas tal como son y tal como las pensamos. Están bien así: cortos, sencillos, sin grandes pretensiones ni florituras, sin aforismos de especia alguna. Y de este modo al menos yo les veo un pequeño encanto mientras los escribo, en su efímera brevedad,  que de otro modo no tendrían. Son como los pétalos de una flor acariciados entre los dedos de la mano. Sabes que enseguida, ajados marchitarán, pero mientras tienen su belleza.
Ya sabes que para escribir necesito momentos de inspiración y cuando estos llegan todo es posible. Incluso muchas veces el tema toma un cariz completamente distinto al pensado en un principio. Una vez iniciado el caminar por un camino has de seguirlo aunque no quieras, aunque te duela, aunque no sea el en principio elegido. Se van haciendo los relatos, mis pequeñas historias a medida que los escribo, a medida que quedan para siempre en un folio que deja de estar en blanco. Muchas veces sin hilazón alguna, tal como vienen a mi mente sin que yo pueda rebelarme, son ellas mismas quienes se relatan y se cuentan y yo me limito a transcribirlas sin más. Son así y así yo lo constato. En general  son monólogos conmigo mismo, al menos eso asemejan aunque en realidad están muy distantes de mi persona y de mi idea: es lo que menos me cuesta de escribir. Cierras los ojos y dejas que fluyan como  si fuera un gas que intenta abarcarlo todo y no puede, que pretende expandirse en espacio limitado. Me hubiese gustado muchas veces escribir historias con personajes, con diálogos, con grandes sucesos. Con  acontecimientos importantes, pero  mira, lo siento, salen así: nada más  monólogos y narraciones con un solo personaje que lo inunda y lo ensucia todo.

-  No obstante,  ahora, esta vez, estás haciendo un diálogo. Somos tú y yo, es decir, somos dos.

-  ¿Estás seguro? Me has repetido varias veces antes que yo hablaba por ti, que es mi mano quien escribe, que las ideas son todas  mías, no tuyas, ¿es un diálogo? No, es un monólogo, entre yo y yo.

-  Egoísta, acaparador. A veces te haces odioso.

- No. No existe ningún egoísmo por mi parte. La realidad es ésta: estamos entre los dos haciendo nada más un monólogo. Tú eres un artificio que he creado y que aquí utilizo como personaje. Pero hablo yo en ti, es mi mente la que piensa y la que recita tus palabras. En ningún momento se puede considerar como un diálogo a dos. Fíjate que incluso el tema es una mera copia: tú eres un reflejo de Augusto Pérez, con una sola excepción: que tú eres más pretencioso que él. Tú no te has conformado con hablar conmigo únicamente al final, cuando la vida se acaba. Tú has querido y has exigido, estás siempre presente a mi lado, para vigilarme, para evitar que llegue mi decisión suprema.

-Eres tú quien lo dice, no yo.
Oye, otra pregunta: por qué tus personajes son siempre seres que están chiflados, todos mis hermanos están locos de atar. Tus situaciones además de absurdas, son raras, incoherentes, faltas de realidad. Parecen más sueños que realidades. Siempre se mueven en una atmosfera extraña, ficticia, diáfana, caótica, incomprensible.

-   Siempre me ha gustado hacerlo así. Mis protagonistas están un poco idos. Eso me gusta. También yo estoy un poco loco. Así me resulta más sencillo hacerlo. Intento, en todo momento, reflejar el carácter y la vivencia del personaje, en este tipo de situaciones. En ocasiones no lo consigo, pero te aseguro de que siempre lo intento. Coincidirás conmigo que este mundo, en esta vida que nos ha tocado vivir, todos estamos un poco locos, nadie estás totalmente cuerdo, al menos se tiene el suficiente grado de locura y de inconsciencia como para salir cada día a la calle y enfrentarse con lo cotidiano, con el día a día de la vida que nos toca vivir. Es por eso que escribo bajo la influencia de la "locura", para  dar de este modo  mayor realidad al suceso. Todo cuanto acontece en el mundo está bajo este maleficio: el mundo está loco y con él todos sus habitantes. La locura se impone y nos domina. Me gusta escribir cosas insólitas, sacadas de la vida cotidiana. Pero en vez de escribirlas tal como en realidad son yo les doy un pequeño giro y las escribo, las veo, en lo que yo llamo:"bajo la luz de sodio". Es la luz de sodio, Es bajo la luz de sodio donde se ven las cosas vagas y ambiguas, tal como son. Con ella todo es penumbra y en esta atmosfera poco iluminada todo se confunde y se arregla, sólo hay las sombras del recuerdo para reflejar. Sombras que viven en un sueño permanente en la imaginación. Sueño porque la vida es un sueño real, por desgracia. Los acontecimientos suceden porque se mueven y se desarrollan en la absurda luz de sodio. Es el punto intermedio entre la verdad y lo falso, entre la vida y la muerte, entre lo vivido y lo soñado. Es donde todo sucede y nosotros lo olvidamos para recordarlo después y creer que ha sucedido ahora realmente, cuando en verdad no es más que un simple reflejo en luz de sodio del pasado absurdo del mundo.
Siempre nos queda por saber si esto ha sucedido o no, si ha sido cierto o no, porque todo es posible, al menos sobre el papel. El papel se convierte en un espejo que desfigura la realidad para que ésta no sea tan cruel, tan horrible, tan provocadoramente real, ya que la verdad asusta, da miedo y, sin embargo, bajo esta penumbra de sodio es más sencillo, más fácil, afrontarla cara a cara.

-   Bueno, y a mí por qué coño me explicas ahora todo esto. Tú hablas y piensas las cosas, entonces, ¿por qué has querido escribir este rollazo aquí si no viene al caso? Deja, voy a contestar yo por ti: soy yo quien ahora quiere, quien va a usurpar tu persona, tu voz y tu mano para poner yo aquí lo que sé que  ibas a decir.
Lo he hecho -ibas a responderme- porque necesitaba hacerlo. No es para aclarar mi posicionamiento  a nadie, sólo quiero encontrar una explicación consecuente para conmigo mismo. Intento encontrar un motivo válido para escribir, un principio que me justifique. Intento aclarar un poco mi mente, sólo por eso lo he hecho, por nada más. ¿Es  esto lo que ibas a contestar, no? Calla, voy a seguir yo por ti, no contestes, no digas absolutamente nada. Sí, has acertado, porque lo he escrito yo y no tú. Ya sabía que ibas a decir esto, pero por  eso  te he dejado contestar, para darte la oportunidad de que te impusieras nuevamente sobre mí, pero yo mismo te he quitado esa posibilidad, te la he negado diciendo yo las cosas por ti, no dejándote hablar, siendo yo quien dice las cosas que realmente piensas. Hemos jugado un poco a intentar cambiar nuestras personalidades: yo soy tú y tú eres yo.
-    Pues ahora nos vamos a dejar de juegos y vamos a volver cada uno a nuestro lugar.

-  Sabes, estoy pensando en algo divertido. Podríamos hacerlo entre los dos, yo te ayudaría un poco. No me irás a negar este pequeño capricho. Lo haremos ¿verdad? Venga, dime que sí, que lo vamos a hacer ¿eh? De acuerdo, sí, va, vamos a hacerlo. No nos costará mucho y si sale mal, pues lo rompemos y ya está, como si no lo hubiésemos hecho nunca. Como cuando escribes algo que realmente no te satisface, se rompe y a la papelera.

-   Y de qué se trata. Primero me lo explicas y después ya veremos.

-   Hombre, así no tiene gracia, te vas a oponer.

-   Si no sé de qué se trata el juego, claro que me opongo. Antes me tienes que decir lo que quieres que hagamos y después ya se verá,

 -   Es que verás...pensaba yo que... como te gusta escribir podríamos hacer entre los dos una historia de esas que tú escribes.

-   Así, por las buenas ¿no? Decimos que vamos a hacerla y  ¡hala!: hecha, como si cayese desde arriba ya completa, acabada.

-   Pues hombre, me ha pasado una idea por la cabeza y podríamos desarrollarla juntos. Más o menos ya la tengo esbozada: es muy corta y sencilla.

-   Venga, explícamela un poco y después si es posible la pasaremos al papel.

-   De acuerdo, pero voy a ser yo quien la explique y hable y tú te limitarás a escribir lo que yo diga y nada más. Y si no estás conforme lo dejamos y ya está.

-   En fin, si tú lo quieres así, de acuerdo. Como soy yo quien te ha inventado a ti, también soy yo quien inventa la narración. No tengo nada que objetarte.

- Mira, si empiezas así, ni hablar, no hay historia; se acabó, olvídalo y ya está. Egoísta, acaparador.

-   No, si yo no decía nada. Hablaba conmigo mismo; estaba pensando en voz alta, nada más. Lo hago muchas veces, incluso ahora al escribir todo esto, Bueno, empezamos el cuento ¿de acuerdo?

-   Pues verás, he pensado que nuestro protagonista va a ser un chico joven, de unos veinte años de edad, alto, jovial, bien parecido, con barba, moreno, hijo de un magnate de la industria catalana. Le gusta la música. Los grupos modernos ingleses y americanos, habla constantemente de Dylan y de la Baez. También le gustan las chicas, en fin, como a muchos. Lleva el pelo muy largo. Estudia filosofía y letras. Segundo o tercer curso, y quiere hacer luego sociología. Tiene un flamante coche deportivo, un Porche 911 S  algo por el estilo, con el que suele ligar mucho. Y además se dice comunista, cuando no hippy, revolucionario. Ha leído a Marx, a Lenin, y el Libro Rojo de Mao. Al menos así lo manifiesta, y siempre farda de haber leído el Manifiesto Comunista. Pero lo cierto es que una vez empezó con el Nuevo Testamento y no lo acabó porque aquella doctrina le pareció mala, demasiado avanzada y comunista, repugnante, utópica. Y a Mao, Marx y a Lenin sólo los conoce de nombre,  en verdad no los ha leído nunca, quizás alguna vez intentó comenzarlos, pero no los entendía, le producían horribles dolores de cabeza. Demasiadas páginas como para perder en tiempo. En fin, lo que es hablar habla mucho de todo, nunca para. Una vez incluso fumó marihuana y todo, pero pasó muy mal rato. No sabe nada, pero habla y parece que quisiera comerse al mundo. Quiere cambiar a la sociedad porque dice que está corrompida. Habla de la burguesía y siempre se refiere a ellos con la expresión de "cerdos burgueses", "capitalistas asquerosos" "colaboradores del Dictador" y cosas así. Todo esto le da asco, le repugna pero cuando necesita algo siempre acude a papá y mamá. Siempre vestido a la última moda. Compra muchos discos y libros que ni lee ni escucha nunca, pero los compra, lo importante es tenerlos, por si acaso, porque son imprescindibles y hay que tenerlos. Es el prototipo inconformista sumergido, bañado, siervo, amante ocioso, de la sociedad de consumo. A todas horas repite que no se entiende con sus padres, que quiere ser libre, que estos están "camp“, pasados de moda, que no le entienden, que pertenecen a otro mundo, distinto al suyo, falso, hipócrita, deshumanizado. Quiere destruir a la burguesía porque explotan a los pobres trabajadores proletarios. Qué malos son ¿verdad? Entiendes qué tipo es el que yo quiero decir ¿no?

-    Sí, resumiendo, que se trata de un niñito "progre".

-   Sí, eso, un niño pijo  progre, muy progre, demasiado progre que se divierte jugando a ser niño progre. Como ya hemos dicho antes, estudia filosofía y letras en la universidad, Y tiene problemas existencialistas. Ha leído a Sartre, Camus, Marcuse, Proust, algo de Beckett y a otra mucha gente por obligación y que si bien le han inquietado le han causado mucho mal. Se había convertido en un chico un poco raro, poco alegre, pensativo y taciturno: daba la sensación de que era un intelectual, un filósofo, un pensador, un sabio. Aunque lo cierto es....en fin, ya se sabe. No tiene la inteligencia suficiente. Lleva varios años con el mismo curso y no consigue pasar de ahí.
-   Continúo yo. Quería conocerse a sí mismo, quería saber cómo era. Si existía o no; por qué existía; por qué existimos todos; y para qué estamos aquí. Qué es la existencia, qué es la esencia, el mundo, la vida, el alma. Deseaba de verdad introducirse dentro de el mismo, dentro de su mente y conocerse a fondo, poderse dominar, poder controlar sus emociones, sus reacciones. lncluso practicaba yoga para poder lograrlo. Había leído no sé dónde algo sobre todo eso. Él siempre intentaba lo mismo, introducirse dentro de sí mismo. Quería hallar la forma de hacerlo posible. Si conseguía entrar dentro de sí, dentro de su mente podría fácilmente conocerse a fondo y entonces, a partir de ahí, podría dominarse perfectamente.
Siempre pensaba lo mismo: yo soy yo y mis circunstancias y éstas me condicionan, si yo consigo dominarlas podré influir y condicionar mi voluntad, mi yo. Y controlando a ambos, mi yo y mi no yo en yo seré feliz, sabré quién soy y para que estoy y soy. He de conocer más mis circunstancias y dominarlas, doblegarlas a mi voluntad, conocerme a mí mismo, conocer a mi ego y a mi superego y esto sólo será posible si consigo introducirme dentro de mí mismo, dentro de mi persona.

-   Ahora me toca continuar a mí. Todos los días los pasaba pensando en lo mismo, mas no lograba avanzar, no pasaba de ahí. Sin embargo un día sucedió lo inevitable y glorioso para él, Lo consiguió. Descubrió que sí era posible introducirse dentro de sí mismo. Poseía en su cuerpo un agujero lo suficientemente grande como para introducirse por él y llegar hasta su cerebro.
Le costó mucho esfuerzo pero al fin lo lograría, llegaría a ser feliz, podría controlarse y conocerse y no pensaba desaprovechar la ocasión que se le brindaba. Introdujo sus pies por su boca sumamente dilatada y empezó a avanzar para llegar a su mente, para introducirse completamente dentro de sí. Y lo logró. Sólo hubo un inconveniente; al efectuar su intento sus vísceras y todo cuanto había debajo de su piel salió fuera, cayó al suelo una parte y la otra quedó esparcida, pegada en la pared que quedó manchada de sangre y vísceras. Le había ocurrido lo insalvable, lo imprevisible, lo mismo que a tantos otros que lo habían intentado. Al querer introducirse dentro de sí mismo, y al lograrlo, él mismo se había dado la vuelta, como quien gira y pone del revés, con el forro hacia fuera, como pasa con un guante. Y esto es todo.

-     En fin, aquí está y aquí se queda, tal como está.

-  Oye, este personaje tiene algo de ti ¿verdad? En el fondo, sin las apariencias externas, eres tú.

-   Todos mis personajes tienen algo de mí, algo que nos   identifica, que nos hace comunes, hasta tú   los tienes. Y cuando no es personal sí tienes la referencia de alguien de tu entorno. Pero prefiero no seguir hablando de esto. Sabes, estoy pensando en algo que te va a gustar. Te acuerdas de esas vacaciones que te había prometido hace rato. Pues te las voy a dar. No te elimino, te dejo seguir viviendo libre para que conozcas más cosas, para que descubras hechos interesantes y así algún día poder explicarlos y escribirlos mano a mano  en otras páginas muy semejantes a éstas. Sólo te voy a decir algo más que deseas saber. Este personaje es como yo era, como todos somos cuando despertamos de la inocencia. Ahora comprenderás muchas cosas que habían quedado oscuras. De momento nada más, simplemente adiós.


-   Adiós. Hasta la próxima oportunidad de hablar aquí y gracias por habérmela concedido. Y en especial por permitirme seguir viviendo y conservando mi vida, porque conociéndote... Así que como había dicho antes, y no quiero entretenerte más, adiós. 

viernes, 27 de marzo de 2015

CIERRO LOS OJOS Y SUEÑO

Cierro los ojos e iluso sueño:
soy el poseedor y único dueño
de la llave que abre la puerta
que pone fin a toda guerra,
que la justicia ahora  es justa
porque ya no hay disputas
y la paz por doquier se enseñorea,
el hambre  deja de ser quimera
luego abro los ojos y despierto veo
que todo fue  un simple sueño,
un sueño en el que falta azúcar
con esa llave apenas imaginada
que en realidad  nada abre
y que seguro que tampoco es llave:
jamás se encuentra lo que no se busca.

                

domingo, 22 de marzo de 2015

AMAR ES ESFORZARSE

Amar es esforzarse en amar
es decir cada día "te quiero"
es no pedir nada, tan sólo dar
sin sospesar jamás el precio.
Amar no es una rutina pura
 entendida como obligación
es iniciar cada día la singladura
en la que no se admite  dejación.
Amar es enamorarse cada día
de la persona por ti elegida
como  si fuese la vez primera
y todo lo anterior no existiera.
Amar  requiere de ese esfuerzo
constante, voluntario y repetido
en que me realizo y crezco
y así también me sé querido.


viernes, 27 de febrero de 2015

La caza


Nunca me había sentido tan solo y tan acompañado a la vez como hasta entonces. Estaba aturdido, tenía miedo a todo. Más que miedo era auténtico pavor. Sí, tenía un terror inexplicable. Estaba acompañado por mucha gente y sin embargo me sentía solo. Y yo tenía miedo. Todos estaban a mi alrededor. Apoyándome, animándome, intentando insuflarme el aliento necesario. Y yo estaba solo entre todos ellos. Solo, muy solo entre todos  ellos. Solo, muy solo entre toda aquella gente que iba y venía sin cesar.
Sentía frío, un frío glaciar que socavaba mi mente y todo mi ser. Me sentía intranquilo. Todo me daba miedo porque me sabía  solo entre tanta gente. Yo sabía que estaba solo; allí, en la calle llena de personas. Nadie me interesaba. Nada me llamaba la atención.
Me sabía perseguido. Todos me miraban y me observaban sin cesar. Yo lo sabía demasiado bien. Mi terror iba constantemente en aumento. Por momentos me sentía acosado por todas partes y yo  tenía claro que era incapaz de evitar aquel acoso. Estaba seguro de que al final acabarían conmigo.
Era algo inevitable y debía hacerme a la idea. El fin está cerca. Está muy próximo; ahí, delante de mí apenas a la vuelta de la esquina. Me alcanzarán y todo se habrá terminado...será la nada, la gran nada, la invencible nada, la inevitable nada que todo lo reduce y simplifica a la Nada.
En el fondo era magnífico. Pero tenía miedo. Me acosaban todos; especulaban con mi vida y esto me producía demasiada intranquilidad, y sobre todo inseguridad. Sabía que me perseguían, que me acosaban, mas no conocía a mis perseguidores. Podían ser cualesquiera de las personas que transitaban por la calle y que me miraban como si yo fuese algo anormal, un ser raro. Sospechaba de todos cuantos se cruzaban en mi camino,  de todos los que iban a mi lado, incluso de aquellos que ni tan siquiera se detenían a mirarme y para los cuales, con toda seguridad, pasaba desapercibido.
La cabeza me dolía mucho. En nada podían estallarme las sienes. Todo daba vueltas en torno mío, sentía por momentos que todo iba a acelerarse como en un enorme y loco tiovivo que en breve iba a saltar por los aires. Pero no. Debía evitarlo;   ellos no eran nadie para cogerme y ponerme fin a mi existencia. Era preciso  evitar lo inevitable y someterme a ello.
Subí las escaleras a todo correr y llegué a mi casa. Entré y cerré la puerta con llave entre jadeos. Estaba a salvo. Pero yo sabía que ellos estaban detrás de ésta esperando agazapados a  que yo saliera. Era fácil aguardar de esa forma. Más tarde o más temprano yo tendría que salir de casa y entonces llegaría el fin. Su cometido resultaba
sencillo: esperar y agarrarme.
Nunca me había sentido tan oprimido; estrechaban el cerco y éste se iba reduciendo a cada instante que pasaba. Intenté encontrar una evasión a todo y abrí la ventana para que entrara un poco de aire antes de asfixiarme. Llovía muy fuerte y el agua entraba dentro de mi habitación. Me vi forzado a cerrarla. Volvíamos a estar en la misma situación de antes. Yo dentro de mi casa, enjaulado sin barrotes y ellos acechando detrás de la puerta, estrechando el cerco que acabaría muy pronto con todo. Yo tenía plena conciencia de que ellos estaban allí pero no los oía. Aguardaban  silenciosos, sin hacer ruido, respirando muy despacio, esperando su momento que no podía tardar. Me dolía la cabeza, iba a explotarme, no podía soportar más aquella opresora situación de espera.
Me sabía víctima: mis cazadores  estaban ahí, me sabía cazado ya y yo no podía, ni debía, claro está, hacer nada en contra, mis cazadores simplemente aguardaban a que saltara delante de ellos la pieza para disparar sobre ella y después con calma recogerla y colgarla en el cinto para que todos viesen y supiesen de  su hazaña y de su pírrica victoria.
Las paredes cada vez más pequeñas se iban moviendo. Yo me daba perfecta cuenta de
que estaban detrás de la puerta, agazapados en la escalera, esperando...aguardando mi salida porque... tarde o temprano saldría... Era preciso salir... Si no salía... moriría aprisionado entre las paredes y esto no podía sucederme... Debía salir nuevamente a la calle para que continuara la cacería. Me daba perfecta cuenta de mi crítica situación...
¡Me obligaban a salir! Todos los elementos y todas las fuerzas se habían conjurado contra mi persona y...y yo era la víctima de todos ellos. No podía evitar nada. La suerte estaba echada... y cualquier maniobra mía para librarme de ellos no iba a servir absolutamente de nada... total, para qué.
Tomé la decisión... y salí a la calle... sí, salí. Sabía que estaban detrás de la puerta, en la escalera, agazapados, esperando... aguardando mi huída. Y yo salí porque me vi forzado a hacerlo, forzado a continuar con todo... no podía  permanecer más rato allí.
Me habían perseguido muchas veces y siempre había logrado escabullirme de ellos pero intuía que hoy era imposible, era el último día fijado para acabar conmigo. Tenían que atraparme y ponerme fin.  Así estaba escrito y así debía cumplirse. Los textos antiguos están para que se cumplan. Yo nada podía hacer.
Decidí abrir la puerta y que sucediera lo que tenía que suceder tal como estaba escrito. Salí a la calle. Llovía a cántaros. Apenas había movimiento en la calle ni se veía apenas nadie, sólo coches que pasaban a gran velocidad salpicándome de agua y barro. Yo me daba perfecta cuenta de todo: ellos estaban allí, dentro de esos coches siguiéndome, sin dejarse ver. Se creen, de hecho lo son, muy listos... pero yo soy más que ellos. Sé que no podré escabullirme otra vez de sus manos pero voy a hacer que les cuesta más de lo que presuponían: si quieren cogerme, que me cogerán, porque es su obligación, que suden lo suyo. No les voy a resultar una presa fácil. ¡Pueden estar seguros de ello! No me van a cazar de forma tan sencilla como tenían previsto desde un principio. Tendrán que ganarme.
A otros los atraparán con suma rapidez: sabiéndose presa no oponen resistencia. Pero yo no soy como los otros... yo soy distinto... diferente a todos los demás. No puedo, ni debo, dejarme atrapar así como así, sería demasiado sencillo.  Se han de ganar mi captura... me cogerán y pondrán fin a mi existencia pero de momento les está costando y aún se les voy a poner más difícil, No me voy a rendir. Me sé acosado por todas partes... pero por ahora aún no han podido definitivamente conmigo. Les costará darme caza porque yo soy más inteligente que ellos. Son muchos y yo estoy solo en medio de tanta gente. Eso es una ventaja a mi favor... soy más inteligente y voy a saber aprovecharla...de hecho ya me aprovecho de ello... por eso les cuesta tanto atraparme. Algún día lo harán; tal vez muy pronto,  con toda seguridad antes de lo que yo intuyo... y antes de lo que ellos se imaginan, pero que no les quepa duda de que les voy a dar trabajo. Podrán. Pero les va a costar lo suyo. ¡No es tan sencillo darme caza! Ellos lo  saben... y por eso se esconden... para que yo no les vea y no sepa dónde están. Como si yo fuese tonto y no me percatara de su presencia. Es lo mismo... sé que están ahí y eso me basta... siento su presencia... los huelo... ellos no lo saben pero yo sí lo sé... sé dónde están más o menos porque siento su presencia, su tufillo. Lo siento. Si no fuese así ya me habrían dado caza hace demasiado tiempo.
Lo que más me fastidia es que todo el mundo me mira. Todos... sí, todos me miran. Sí...
todos  saben que yo soy la víctima propicia, el cordero del sacrificio, todos saben de mi destino... y es por eso que me miran de ese modo tan provocativo, tan directo, tan abierto...me  señalan con el dedo y me hacen un obsceno gesto con ese dedo como si de rebanarme el gaznate se tratase. Ni tan siquiera se toman la molestia, la delicadeza, al menos por educación y saber guardar las formas, de ocultarlo, de hacerlo con discreción para que yo no me percate de que me miran de forma tan descarada. Pero no, me miran y me miran todos sin ocultar que me miran. Yo sé que ellos en el fondo... se ríen de mí. Todos conocen mi destino y a mis cazadores y por eso... sí, se ríen, se mofan, se divierten a mi costa... ¡como si yo fuese una atracción circense!...¿acaso lo soy? No. Yo soy una persona normal y corriente y las personas no son cazadas en los circos... o ¿sí lo son?... la verdad es que ya no lo sé.
No sé nada. La cabeza me da vueltas... gira y gira sin cesar... y es como si conocedora del final quisiese huir... también ella... desmembrándose de mi cuerpo para correr sola.. por su cuenta y riesgo... pero no podrá hacerlo... yo la sujetaré con mis manos muy fuerte para que no pueda desprenderse. No, no se irá. Si fuese así sería su final y éste no puede ocurrir así, ha de acabar conmigo, yo he de ser cazado por ellos... por mis perseguidores. Y son ellos quienes deben de poner fin a mi vida de la forma que les corresponda, incluida mi cabeza... han de hacerlo como les han dictado los de arriba... sí, tiene que ocurrir de esta forma... no puede ser de otra. Hay que someterse  y esperar. Y yo aguardaré hasta que el final llegue, hasta que la nada toe posesión de mí. Pero les va a costar... yo sé que les va a costar demasiado, no me voy a rendir, no me voy a dejar atrapar tan fácilmente... no, les voy a hacer sudar un poco más aún.
Me se acosado, perseguido, sentenciado, estoy como herido de muerte...eso es: de muerte, pero soy yo quien puede más que ellos. Llueve demasiado, todos me miran; esto no puedo aguantarlo más. Será mejor que regrese a casa; sí...eso es lo mejor...volveré a casa y me quitaré esta ropa mojada y me pondré otra seca. Sí, en casa estaré mejor que aquí...no me mojaré; estaré a salvo...eso es lo que ahora importa. Estaré mejor que en la calle, salvo por unas horas y calentito... eso es lo que ahora importa: permanecer encerrado  durante unas horas hasta que me vea forzado a salir de nuevo...
 No veo a nadie, se ha hecho de noche mientras huyo y en la noche es más fácil pasar inadvertido. No los veo pero ... siento su aliento, su presencia, sé que están cerca... siempre al acecho aguardando el mejor momento para saltar sobre mí, pero no van a poder hacerlo si no se apresuran: en casa voy a permanecer durante unas pocas horas a salvo.
Podrán esperar en la puerta hasta que yo salga. Mas esta vez no saldré. Eso... no saldré...y así no podrán cogerme...estaré siempre reguardado en  casa sin salir. Y ellos no podrán entrar... lo tienen prohibido; así en casa estaré a salvo; eso es, en casa estaré a salvo de ellos. Y mientras no podrán hacerme nada... Y eso es lo que importa, que no me cojan, que no me hagan nada...
Vienen detrás mío...me van a coger...he de correr, correr más que ellos y llegar a casa y allí estaré a salvo. Sí...he de correr, pero he de empezar cuando memos lo esperen ellos: he de intentar cogerlos por sorpresa...ahora es el momento oportuno de salir corriendo. Sí, los he cogido a traición, por sorpresa, pero no tardarán mucho en dar otra vez conmigo...he de apresurarme en llegar a casa; es lo único que tengo que hacer
...llegar a casa...llegar a casa...llegar a casa y cerrar la puerta y allí estaré a salvo.
Ya estoy al fin en  casa y no me han atrapado; cerraré la puerta y me echaré un rato en  la cama a descansar... Estoy muy cansado... descansaré toda la noche, puedo dormir tranquilo. He de dormir...estoy cansado y enfermo; eso me ha dicho el médico: estoy enfermo y he de hacer mucho reposo pero no puedo hacerlo. Ellos siempre están intentando cogerme. Sí, yo sé quiénes son ellos, el médico también es uno de ellos. Pero ahora estoy a salvo. Siento su presencia detrás de la puerta pero se tendrán que fastidiar esta vez porque  no pueden entrar y cogerme y ahora yo voy a dormir toda la noche, deberán esperar hasta mañana...
La cabeza me va a estallar, me duele mucho; las paredes...me aprisionarán... son ellos quienes las empujan y las mueven para atraparme...  pero esta vez no podrán conmigo. Me tomaré una pastilla para dormir y dormiré hasta mañana o tal vez hasta pasado mañana... y ellos tendrán que esperar, hasta es posible que esté siempre durmiendo y así no podrán cogerme nunca... eso: me tomaré dos  pastillas y dormiré mucho sin tener que temer nada... mientras duerma no podrán hacerme nada.

                                                 Epílogo


Paso un mes sin que nadie le viera ni oyera. Cesó el acoso. Un vecino un día al pasar por delante de su puerta notó un olor raro que fluía por debajo de la puerta. Avisó al portero y ambos subieron a ver lo que era. Lo encontraron tendido sobre su cama en un alto grado de descomposición. Boca abajo y maniatado con las manos en la espalda. La policía se llevó el cuerpo ya  putrefacto. El dictamen del forense fue rápido y sencillo: "suicidio causado por la toma de una alta dosis de somníferos". Sí, la solución dada por la policía era demasiado sencilla. Ellos no supieron nunca del acoso constante que este hombre sufrió. No llegaron nunca a saber que se había perpetrado una cacería humana y que la pieza a cazar era este hombre. O prefirieron no saberlo. Hasta es posible que todos estuvieran conjurados contra él:  quién puede asegurarlo, quién puede negarlo. 

sábado, 21 de febrero de 2015

ME FORMULO PREGUNTAS

Me formulo preguntas de transcendencia
y no encuentro  una respuesta cierta
nada más, y no es poco, me conformo
diciéndome que somos como somos,
no se sostiene ninguna  propuesta
que nos lleve a una clara evidencia:
por qué estamos sobre el planeta tierra
¿ de verdad, todos somos seres humanos?
quien lo crea así, es  seguro que yerra,
aceptemos  que somos animales con manos
que  vegetan  simplemente  en este planeta,
y que pasan  sin dejar la más mínima huella.


miércoles, 4 de febrero de 2015

Los moradores de la ciudad


 Imagínense ustedes que estamos en una ciudad nada pequeña, industrial, avanzada   técnicamente,  en la vanguardia del urbanismo. Una urbe tenida por modelo en donde todos sus habitantes son trabajadores muy  tenaces. Pues bien, sitúense señores en este bello marco y ahora escuchen la verdad de lo que aconteció hace algunos años en esta ciudad y que motivó la destrucción y las ruinas que ahora están ustedes viendo.
El despertar de la ciudad es todos los días sobre  las seis de la mañana, hora en la que sus ciudadanos se dirigen en toda clase de medios de transporte hasta sus respectivos lugares de trabajo. El medio más utilizado, sin lugar a dudas, es el metro por que es el más rápido, el más económico y en el que tiene más cabida la gente.
Como iba diciendo, eran las seis de la mañana cuando los habitantes de la ciudad se aglutinaban en la estación  de metro de la Plaza Mayor esperando que éste llegara. Entonces sucedería lo que sucede siempre: apretujones, pisotones, forcejeos, etc., para poder entrar a loa vagones, porque ya viene lleno desde la estación anterior. Pero tal día como hoy de hace ya veinte años no sucedió lo mismo. El público que esperaba se extrañó de ver llegar el tren completamente vacío. Al detenerse en el andén, las puertas se abrieron y entonces cundió el espanto. No era para menos, francamente. Los vagones estaban repletos de ratas enormes que enseñaban sus fauces al espantado gentío que observaba los restos de los viajeros procedentes de las estaciones anteriores.
Sí, es cierto, se podían ver los esqueletos de las víctimas, los huesos todavía mojados de sangre y de humor que producían un extraño brillo al reflejar la luz artificial de los vagones. Se podían ver restos de carne y de tendones demasiado duros que no habían sido aún limpiados del todo por los  roedores.
El espectáculo que ofrecían era espantoso, lúgubre, repugnante a la vez que sobrecogedor por intentar decirlo de algún modo, por intentar comprender lo que había sucedido. Imagínense ustedes que ahora en este andén -el mismo de entonces- llegara el tren con tan desoladora  y esperpéntica imagen. Háganse a la idea por unos instantes en su mente y piensen en cómo reaccionarían ustedes ante tanto hueso roído, ante tantos ríos de sangre y de humor que salían, desbordados, por las puertas de los vagones bañando las asquerosas patas de los horribles roedores.
Sí, efectivamente, el público apiñado en el andén del metro reaccionó tal como lo habrían hecho ustedes ante tan tétrica  escena, totalmente inasimilable para cualquier mente humana con un mínimo de sensibilidad. Un ejército de descomunales ratas grises y peludas comenzó a salir de todos los vagones amenazando a los viajeros de la estación, de esta estación.
Este hecho se producía simultáneamente en todas las estaciones en donde había gente: obligaron a la muchedumbre a subir hasta la calle. Allí empezaron a salir ratas desde todos los rincones, por todas las bocas de metro, por todas las alcantarillas. Había ratas por doquier. Eran millones y millones de grandes ratas grises. Era un espectáculo inmundo, inmensamente sobrecogedor: obligaba a mantener un rictus de desesperación a los desafortunados habitantes de esta gran urbe.
Ratas y más ratas amenazadoras, intimidadoras y una multitud paralizada permanecieron en la misa situación trágica a la vez que paralizante durante unas tres horas. Unas enseñando sus desafiantes fauces babeantes y los otros como congelados. Así hasta las nueve de la mañana en punto, hora en la que hizo acto de presencia un fastuoso cortejo por la boca del metro  de unas cien ratas todavía más descomunales, más asquerosas y sobre todo más repugnantes que se dirigieron con parsimonia  hasta el edificio del Ayuntamiento.
Las autoridades de la municipalidad, sabedoras de la situación y llenas de espanto, aguardaban en el balcón del edificio, que da a la plaza, observando tan siniestro espectáculo. Al llegar dicho cortejo frente al balcón, se oyó un grito aterrador que sobrecogió a todos: "hiiiiiiiiiiiihhhggggg" y entonces una masa inmensa de ratas se apiñaron en la plaza produciendo unas ordenadas circunvalaciones. Era como una tabla gimnástico festiva. Las autoridades que observaban desde el balcón pudieron leer el mensaje que les transmitían los pestilentes roedores en su agradable espectáculo visual.
El texto del comunicado, literalmente, era el que sigue:
“Hoy sábado de luna llena...exigimos de esta Comunidad...la entrega de doce doncellas...las más hermosas de la ciudad...desnudas como regalo a .... Yog Sothoth, dios del todo en uno...y del uno en todo. Este tributo...deberá pagarse todos los sábados...de luna llena a esta misma hora...De no hacerse así, lo sucedido en el metro...es muestra de nuestros poderes y de...lo que podemos hacer en represalia".
A la hora de haber sucedido esta demanda, eran entregadas a la legión de ratas las doce vírgenes más bellas de la ciudad como tributo al dios Yog Sothoth. El cortejo recogió el legado y marchó por donde horas antes hiciera su abominable aparición. En cuestión de segundos desaparecieron todos los habitantes de las inmundas y pestilentes profundidades dejando libres a los ciudadanos para que se pudieran sacudir el olor nauseabundo que reinaba y para que pudieran secarse el sudor glacial que aún bañaba sus cuerpos.
Aquel día nadie se reintegro a su trabajo, fue día de contrición, de inmenso dolor pero laboralmente festivo. Nadie se atrevió a salir a la calle no fueras a toparse de nuevo con los roedores. Nadie era capaz de asimilar lo que acababa de sucederles. Estaban aturdidos, atemorizados, sin capacidad de respuesta. La sensación era que habían vivido un sueño macabro y que en nada iban a despertar.
Las autoridades tomaron  medidas para hacer frente a aquel ejército de ratas. El siguiente sábado de luna llena al hacer acto de presencia los detestables roedores. columnas de voluntarios y  el total de policías y agentes de la autoridad movilizados por este motivo comenzaron a disparar ráfagas ininterrumpidas de ametralladora contra ellas, les arrojaron bombas incendiarias, cantidades inmensurables de gases letales, raticidas de todo tipo a toneladas, fuego con lanzallamas, pero no sucedió nada de todo cuanto esperaban conseguir así. Las ratas prosiguieron su lenta marcha en busca del tributo que les correspondía arrollando y destrozando cuanto obstáculo se interpuso en su camino. No había nada ni nada que pudiese detenerlas.
No quedo a la ciudad más remedio que hacer entrega de las jóvenes solicitadas.  Y una vez desaparecieron, brigadas especiales corrieron detrás de ellas para ver por dónde salían y entraban con el propósito de sellar el agujero. El cortejo se introdujo en el túnel del metro, por allí al fondo, en la negror del mismo y cuando sus perseguidores recorrieron toda la red de metro de la ciudad detenidamente, no encontraron el más mínimo resquicio por el que hubiese pasado, se habían ido sin dejar rastro.
Se comunicó el suceso nuevamente a las altas esferas de mandatarios del país, explicando con todo detalle, por absurdo que pudiese parecer,  todo lo ocurrido. Pero más bien no se les creyó, al menos no tal como lo narraban, era del todo impensable y así, de este modo, abandonaron a los habitantes de esta ciudad a su suerte, suponiendo que toda esta historia no era más que una broma de pésimo gusto.
Ante tal contrariedad, el municipio decidió que la próxima vez cuando entregaran las doce doncellas hermosas,  todas las jóvenes suelen serlo, que fueran lo más tontas posible, que fueran inútiles para que así la pérdida para la ciudad no fuera tan dura, mientras se tomaban medidas más eficaces contra tal plaga.
Y así se procedió la siguiente vez. El cortejo recogió a las doce desdichadas y marchó con ellas. No sucedió nada en especial. La gente se sometió con resignación a su suerte. Mientras la joven no fuese de nuestra familia, qué le vamos a hacer, es lo que nos toca pagar y como no queda otro remedio, si queremos vivir algo más tranquilos, pues nada, se hace efectiva la entrega y a esperar que llegue el mes próximo. Pero la sorpresa llegó al día siguiente, domingo, cuando a las once de la mañana -la hora de dirigirse a la iglesia a oír la santa misa- aparecieron nuevamente los batallones de ratas llenándolo todo. Poco después aparecieron los miembros del cortejo escoltando a una de las muchachas entregadas el día anterior. La joven llevaba en la mano un papel escrito con el siguiente texto:
"Nos han fallado. No esperábamos de ustedes, gente tan seria esto. Tengan mucho cuidado, nuestra paciencia tiene un límite y se agota enseguida.  Nos da igual que recluten a las  doncellas entre las muchachas totalmente  imbéciles. Pero percátense bien de que lo sean. Por lo visto esta joven, portadora del escrito, no es tan tonta como ustedes la creían. No es virgen y nosotros exigimos únicamente hermosura y virginidad. Como castigo  deberán entregarnos inmediatamente otras doce doncellas. Es  decir, volverán a pagarnos el tributo  pero esta vez será Nos mismo quien las va a  elegir“.
No hubo tiempo de hacer nada. Las mismas ratas se encargaron de escoger las doncellas necesarias. Y lo hicieron muy bien. Reclutaron a doce vírgenes, esas  púberes que jamás nadie habría entregado. Una vez las tuvieron reunidas, conocedoras de la misión que les había sido encomendada, se desnudaron. Algunas ratas entonces, llenas de júbilo, saltaron sobre las jóvenes y comenzaron un detallado y minucioso  examen de la mercancía elegida. Era un espectáculo maldito, infame, el ver como las ratas olían y corrían por torsos esculturales, limpios, inmaculados, llenos de pureza y juventud apenas alcanzada. Una imagen espantosa sacada de la más sádica historia sacrílega. Pero  esto no fue todo, hubo algo más asqueroso todavía, si es que puede haber algo más asqueroso aún. Una de las jóvenes, hija de una buena y respetable familia, se sintió, no tengo palabras para explicarlo mínimamente con exactitud, espero que ustedes sepan comprenderme. Al ver una rata sobre su dulce y adorable piel bronceada, sintió algo, escalofríos tal vez, e hizo un gesto con los hombros y tronco como queriendo sacudirse  al horrible ser que se deslizaba sobre su cuerpo. La rata se percató de  inmediato  del desafortunado y reflejo gesto y saltó sobre el  seno  izquierdo de la desamparada muchacha, casi niña aún, clavándole sus afilados dientes.
Imagínense por un momento el pavor que puede sentirse ante la escena compuesta  por una bella joven, virgen, como cristalina de piel, de larga cabellera negra, desnuda ante la muchedumbre, niña que descubre por primera vez sus vergüenzas al público que la quiera mirar, que observa, con una asquerosa rata colgando de uno de senos todavía sin acabar de hacerse pero muy tersos y bien modelados. No es nada agradable
¿verdad?  Pues es cierto, la horrible criatura que nunca debió  de existir quedó colgando del pecho izquierdo de la casi niña. No es una situación fácil para una doncella sin experiencia, para una jovencita que aún no ha abierto los ojos a la vida. Después que las examinaron con exquisito detenimiento, marcharon con ellas por donde habían salido, dejando a la  joven rechazada en medio de la gente.
Las autoridades hicieron examinar a ésta por un médico. Mostraba numerosos hematomas, dentelladas por todo el cuerpo, en especial en el monte de Venus, glúteos, pechos y piernas. Partes de su cuerpo estaban amarillentas, como si hubiesen sido expuestas a altas temperaturas. Su piel exhalaba  un olor nauseabundo, acre. Era insensible a toda forma externa de dolor. Fue imposible hablar con ella. Debió sufrir tanto dolor físico y psíquico que la inhabilitaron para el habla. Con toda seguridad la impresión que debió recibir desde el inicio debió ser tan tremenda que anuló para el resto de sus días sus capacidades psíquicas. Resultó imposible cualquier tipo de comunicación con ella, su mirada fija y perdida en el horizonte tal vez podía delatar lo que había sufrido.  Lo único que se pudo sonsacar de su experiencia fue, al cabo de unos días, unos  dibujos, apenas esbozos, que sin que nadie se los demandara ella misma trazó con un lápiz en una hoja de papel.
Eran formas diabólicas, semihumanas con cabezas caninas. Productos no acabados de
seres venidos del más allá desconocido, del inframundo del infierno. Siervos de Yog Sothoth, el dios maldito que habita en las profundidades del infinito. Seres siniestros que no pertenecen a este mundo, que están fuera del alcance de nuestro raciocinio. Intentó, con toda seguridad,  explicar mediante dibujos sus espantosas orgias desenfrenadas, inconfesables y sacrílegas en las que la protagonista era ella misma. Cultos y ritos que es preferible no conocer. Estaba ida, completamente en trance, loca para siempre Por suerte, transcurridos unos días  la muerte se apiadó de ella.
Las autoridades debieron comprender algo de lo que ella intentó explicarles porque decidieron no mandar nunca más otras doncellas a manos de tan endemoniadas entidades. Era preferible negarse a ello y aceptar el castigo impuesto por las ratas. Todo
antes que condenar a otra doncella a tan siniestra fiesta.
El sábado siguiente de luna llena no hubo vírgenes preparadas. Las ratas lo sabían y llegaron preparadas para cometer las atrocidades que mente humana es incapaz de imaginar o de aceptar como verídicas. Sólo, tomen como muestra, lo que de aquella ciudad modelo quedó cuando aquella plaga infernal se marchó.
A nivel oficial, tal suceso no ocurrió nunca. El desastre debió ser provocado por algún terremoto u otro agente físico similar y explicable por la mente humana.

Yo, hace ya tres años, encontré este desdichado relato, simplemente como libro de actas, entre les escombros de lo que una vez debió ser el ayuntamiento. Nadie me ha creído nunca  cuando les he mostrado ese relato. Es por eso que, señores de la comisión, he decidido traerlos hasta aquí, el lugar de los acontecimientos, testigo  mudo de todas las atrocidades que se cometieron entonces, para que me crean y desistan de la descabellada, y arriesgada,  idea de construir aquí un polígono industrial y de volver a  hacer habitable este lugar maldito para siempre, condenado a la desolación y al exterminio demoniaco. Las noches de sábado de luna llena, todavía se pueden escuchar en determinados lugares y momentos, voces y gritos que provienen de las profundidades. Todos los animales de la naturaleza huyeren de estos parajes y temen regresar. Por favor, señores de la comisión, creánme, intenten, aunque sólo sea, comprenderme y valoren mi relato. Y tengan en cuenta que la venganza de Yog Sothoth puede ser todavía peor.